Teatro

Yerma

 por Vilma Muises

Como cierre del XXII Festival Internacional de Teatro Hispano, organizado bajo el comando del excelente director, escritor y dramaturgo Mario Ernesto Sánchez, director artístico y productor del Festival, se presentó la tan conocida obra de García Lorca: Yerma, en el Studio Theater del Carnival Center. Bajo la dirección de Liliam Vega y adaptación de Raquel Carrió hemos disfrutado de una puesta en escena distinta, moderna pero sin dejar de explorar la tragedia de la mujer lorquiana. 

Yerma es una de las obras atemporales del gran escritor granadino Federico García Lorca, ya que el tema central, la infecundidad, trae aparejado una crisis existencial en la mujer que a través del tiempo no ha cambiado, salvo en la metodología moderna que permite distintas formas de reproducción asistida, sin descartar la adopción. Pero el elemento que actualiza a esta Yerma moderna, presentada por Teatro Avante, es la pasión, la insatisfacción amorosa, la búsqueda de sueños imposibles de concretar frente a una sociedad que la detiene bajo juzgamiento e inaceptabilidad de una realidad que, en esa época y tiempo, simplemente se silenciaba.  

La pasión azota a Yerma, la sacude y arrastra. La realidad dista de ser amable, por lo tanto el lamento es constante en esta Yerma sensual y explosiva, que busca por distintos caminos saciar su sed apasionada y la libertad, que vislumbra pero que jamás alcanzará. 

Caracteriza esta puesta en escena la multiplicidad de planos sobre los que esa situación básica se proyecta: Plástica, música, escenografía y vestuario se conjugan con la palabra.  

La plasticidad y a la vez la fuerza que impone a sus movimientos Yerma, protagonizada por la excelente actriz venezolana Jacqueline Briceño, contrasta con el equilibrio y mesura de su amiga María, Hannia Guillén, en el papel de confidente, logrando esa armonía necesaria en el teatro dramático.  

Hector Agüero estuvo a cargo de la música, quien escoge una mayoría folclórica de distintas culturas, sin dejar de lado el flamenco y la ranchera mexicana. Si bien su selección fue acertada la desprestigia un tango a ritmo de pasodoble que la directora impone a los protagonistas sobre el final, perdiendo la armonía lograda.

El escenario abierto, diseñado por Jorge Noa y Pedro Balmaceda, deja a los actores deslizarse sin estorbos. Solo dos bancos situados en los extremos señalan el hogar y la calle, y una cortina negra transparente al fondo donde el coro al estilo griego, hace su intervención con vestimentas muy elaboradas, con grandes tocados alusivos a los trajes andaluces y árabes.

Es imposible definir una tendencia exclusiva en trajes y ornamentos ya que tanto se mezclan los símbolos religiosos con los paganos, todo esto contrastando con la simpleza de los protagonistas. Yerma y María lucen sencillas en su vestuario de colores tenues y telas livianas que permite, principalmente a la primera, deslizarse cual gacela por el escenario y llevar a cabo algunos desnudos que no hieren la sensibilidad del espectador.

Lo mismo con respecto a los dos personajes masculinos, sobrios y con poco alarde, característico de la gente de campo: Juan, interpretado por Julio Rodríguez, muy bien en su hosquedad y pocas palabras; Juan Pablo Zapata, como Victor, en cierta forma el rival, lleva bien su papel.

Es importante y admirable la participación de Gerardo Riverón en sus dos papeles: la vieja pagana y una de las lavanderas. En el primero muestra fuerza y cinismo y moviliza la escena con su presencia.

Evidentemente, este ha sido un logro único para el teatro en Miami, que muestra con esta  presentación que sí se puede brindar calidad al público. (C)2007

  Vilma E. Muises

      vilmamuises@yahoo.com

 

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(C) Fotografía cortesía Teatro Avante y Vilma Muises


 

 

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