Los
intereses creados
de Jacinto Benavente
por Susana Weingast |
“Los
intereses creados” obra de José Jacinto Benavente, adaptada y dirigida por
Joann María Yarrow del grupo Prometeo, se presenta en el Miami Dade
College en el marco del
XXIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
La pieza, plena de enredos e intrigas, se
estrenó en Madrid en 1907 con
un nuevo lenguaje físico para su época y un texto precioso que sitúa
la acción en el siglo XVII, encuadrada en la tradición de La
escenografía está armada
de manera asombrosa, con coloridos paneles y ventanas Benavente
quien
fuera ganador del Premio Nobel de Literatura en 1922,.logra
originalidad presentando la pieza como una farsa teatral y sus
personajes son muñecos de trapo que actúan como en un juego, razón
por la cual el autor pide en el prólogo a los espectadores que se
sientan por un momento niños. De esta manera pueden dejar en
libertad a la imaginación y
al final de la obra se concluye que “como en las farsas de la
vida, estos muñecos dejan
enseñanzas y frases sabias”. El
teatro de Jacinto Benavente fue muy alabado en su época. En su carrera
de dramaturgo abordó todos los géneros teatrales: tragedia, comedia,
drama y sainete. En general crea sus obras tomando como fundamento la
vida cotidiana.
Los
dos protagonistas centrales de la obra son Leandro y Crispín ( amo y
criado) están a cargo de (Pablo
Becerra) y (Rocío
Carmona). El
difícil personaje de Crispín se
presenta con una postura y un movimiento
de cabeza similar a
los de un títere y con las
características propias de un muñeco y en su trabajo llaman también
la atención la postura y la voz del astuto y joven criado. Leandro, indolente y abúlico, se presenta como un gran señor. Ambos llegan a una ciudad en el siglo XVII perseguidos por la justicia y en busca de fortuna. Crispín
contrae una serie de compromisos y endeudamientos que envuelven a varias
personas. Sirena
(Yudelka
Heyer), especie de Celestina estereotipada y la convencional
Silvia (Alejandra Ochoa)
representan acertadamente sus papeles. El Capitán y el Escribano
(Ariel Polo) y el hostelero (Maylen
Delgado) .
El
vestuario de época, la música y el movimiento general del conjunto
estuvieron adecuados a la orientación escénica que la directora
concibió para la puesta en escena, al igual que los movimientos no
verbales, quizás generales para todas las épocas del arte, como
posturas, o guiños o formas de escuchar. Esta obra de Benavente tiene que ver con la doble moral y precisamente ese elemento hace a esta pieza atemporal. Realismo, naturalidad y verosimilitud son los tres supuestos de los que parte su arte, sin excluir en muchos momentos cierto hálito de poesía o de exquisita ironía. Conoce perfectamente todos los recursos escénicos y sabe dar relieve dramático a las acciones más intrascendentes. Susana Weingast ************ Copyright©
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(Madrid),
12 de agosto de 1866 - Galapagar (Madrid),
14 de julio
de 1954). Dramaturgo
y director, guionista y productor de cine
español. Era
hijo del notable médico pediatra
Mariano Benavente,
circunstancia que suele relacionarse por el interés que mostró por la
infancia en su libro Niños
(1917)
y en sus obras de teatro infantil. Inició
los estudios de derecho en Ingresó
en Su
notoria condición de homosexual tuvo mucho que ver con que en los años
1940 se retirara su nombre de las principales carteleras, aunque luego
regresara a Madrid varios años después para alegría de sus
seguidores. Abordó
casi todos los géneros teatrales: tragedia,
comedia,
drama,
sainete.
Todos los ambientes encontraron cabida y expresión cabal en su escena:
el rural y el urbano, el plebeyo y el aristocrático. Su teatro
constituye una galería completa de tipos humanos. La comedia
benaventina típica, costumbrista, moderna, incisiva, supone una reacción
contra el melodramatismo desorbitado de Echegaray.
Lejos del aparato efectista de este último, Benavente construye sus
obras tomando como fundamento la vida. Realismo, naturalidad y
verosimilitud son los tres supuestos de que parte su arte, sin excluir
en muchos momentos cierto hálito de poesía o de exquisita ironía.
Conoce perfectamente todos los recursos escénicos y sabe dar relieve
dramático a las acciones más intrascendentes. En realidad puede
decirse que con su primera obra, El
nido ajeno (1894),
en que plantea un problema de celos entre hermanos, abre un nuevo
periodo en la dramaturgia española. En
Cartas a mujeres (1893)
se advierte ya su interés por la psicología femenina, característica
que aparecerá en toda su actuación teatral; El
nido ajeno (1894),
Gente conocida (1896)
y La comida de las fieras (1898) constituyen una reacción
contra el teatro moralizador de Tamayo
o de Galdós. A
partir de 1901,
su teatro adquiere mayor profundidad con obras como La
noche del sábado (1903),
«novela escénica» impregnada de poesía; El
dragón del fuego (1903) y Los
intereses creados (1907),
hábil combinación de sátira y humor, donde culmina su arte innovador.
En ella se ponen en movimiento los personajes de la «commedia
dell'arte» italiana, con psicología española, y se hace
una sutil y perspicaz crítica del positivismo imperante en la sociedad
contemporánea. La obra logró tan entusiasta acogida, que el público
enfervorizado llevara a su autor en hombros hasta su domicilio, al término
de su representación en el Teatro
Lara de Madrid. En
1908
estrenó La fuerza bruta,
fundando al año siguiente, junto con el actor Porredón, un teatro para
niños. En otras obras los principios educativos se mezclan con
ambientes y motivos fantásticos (El
príncipe que todo lo aprendió en libros, 1910). En
Señora ama (1908) y La
malquerida (1913),
ambas de ambiente rural, inspiradas en el pueblo de Toledo en el que pasó
largos periodos de tiempo, presenta como personajes centrales caracteres
femeninos dominados sexualmente por hombres de escasa altura moral. En total había escrito 172 obras cuando murió, entre las que cabe destacar:
Cultivó además la poesía (Versos, 1893), el cuento, el periodismo y otras modalidades literarias (Cartas de mujeres, 1893; Pensamientos, 1931) con muy destacado acierto. Crítico
de teatro en el periódico El
Imparcial, recogió sus artículos en De
sobremesa (1910, 5 volúmenes), El
teatro del pueblo, Acotaciones
(1914) y Crónicas y diálogos
(1916). Su penetración y conocimiento del idioma castellano son destacados, introduciendo hábiles críticas sobre el mal uso que de él se hace en los ambientes cotidianos. Es especialmente sutil en la ironía con que denuncia la manipulación que del entendimiento puede hacerse desde medios jurídicos, políticos o informativos, con la alteración de la sintaxis y lexicografía (véase la conclusión de Los intereses creados, donde una sentencia acusatoria se trueca en exculpatoria, con la simple transposición de una coma). Su intelecto semántico excede claramente el de otros autores, no menos dignos, de la lengua cervantina. http://es.wikipedia.org/wiki/Jacinto_Benavent
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