La Divina Filotea

de Pedro Calderón de la Barca

 por Susana Weingast

 

El gran dramaturgo del Siglo de Oro español, Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), será el protagonista del XXIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, Adrienne Arsht Center de Miami, con la presentación  de  " La Divina Filotea ", un auto sacramental escrito en el año de su muerte.  

Es un texto reflexivo de plena época barroca y se encuadra en un género que sirvió, siglos más tarde, de referente al teatro contemporáneo.  

La divina Filotea fue escrita  con rasgos naturales de auto sacramental. Con una combinación equilibrada que transmite contenidos doctrinales con la dramatización de una historia. Es un género teatral que fue conocido en la época como pieza teatral religiosa y tuvo a Calderón como gran maestro del género.  

Calderón de la Barca   perpetúa la tendencia del teatro metafísico español, logrando que su auto sacramental cumpla la función proselitista a que estaba destinado bajo el férreo control de la Iglesia católica, enfrentada a las ideas de la Reforma y apoyada en la Inquisición.  

Este auto representa un combate entre el Demonio o Príncipe de las Tinieblas y el Príncipe de la Luz o Lucifer por la conquista del alma, alegorizada en Filotea. Sin embargo, la genialidad del autor refleja la convergencia de diferentes corrientes del pensamiento que se habían infiltrado en el universo ideológico.  

Dijo Pedro María Sánchez, director de la compañía de teatro responsable del montaje."Los autos sacramentales de Calderón tienen una estructura dramática modernísima que se adelanta al teatro contemporáneo" esta estructura dramática basada en personajes no cotidianos ni psicológicos, son "arquetipos, ideas y conceptos".  

El montaje parte de la geografía sonora del texto, con un gran movimiento sonoro de las palabras y  un torbellino de acción tal como si fuera un "juicio en el que el público es el jurado". Los versos de Calderón convierten así a los espectadores en testigos de  una batalla, de "un combate dialéctico, filosófico, entre el alma, el mundo, el demonio y la carne" que en la obra son enemigos, adversarios. El autor "habla de ideas" y fenómenos como el ateísmo, la apostasía o la lujuria "que no se circunscriben a ninguna época.  

Las virtudes teologales

El actor y director Pedro María Sánchez ha asumido el reto de llevar a escena La divina Filotea a partir de la representación que se diera en Madrid en 1745. La obra tiene una duración de una hora y media y en ella  actúan diecinueve actores pertenecientes a su compañía madrileña Sánchez ha concebido una estructura dramática muy moderna debido a su contenido de conceptos y arquetipos y a su construcción, ante un público que asiste a un juicio del que extraerá sus propias conclusiones.  

Esta puesta en escena tiene una magistral dirección, apoyada por magnífica interpretación actoral.

Su versión teatral a manera de retablo le da una hermosa composición plástica, condiciona la atmósfera de misticismo y orienta el movimiento de la acción dramática que se aprovecha desde todos los niveles del espacio escénico, a pesar de prescindir de los andamios metálicos de la escenografía original utilizando  múltiples áreas de acción y la misma simultaneidad de escenarios que proporcionaba la secuencia de carros en la plaza durante el Corpus Christi en la versión original.  

Los diseños de escenografía, vestuario e iluminación fueron realizados por el prolífero director y garantizan la excepcional unidad de estilo del espectáculo.  

 

Los Sentidos

La representación del Príncipe de la Luz como deidad hermafrodita, los contrastes de sombra y luz: femenino y masculino o abajo y arriba y las figuras de los personajes alegóricos a contraluz en medio de la penumbra, enaltecen la teatralidad. También los colores del vestuario y de las luces recrean un ambiente dramático y enigmático en el que los personajes humanos, sobrenaturales y alegóricos son interpretados por el excelente elenco, con una acertada actualización de la intencionalidad del verso y una dicción y articulación impecables.  

Filotea se presenta junto a los Cinco Sentidos, el Príncipe de la Luz y las tres Virtudes (Fe, Esperanza y Caridad) que la protegen frente al Castillo donde se refugia tentada por sus sentidos y  acechada por el Demonio, el Mundo, la Lascivia , la Apostasía , el Ateísmo, la Gentilidad , el Hebraísmo, el Judaísmo y el Entendimiento, listos a atacarla y adueñarse de su alma.  

Los personajes alegóricos dialogan,  dirigiéndose al público como si la dirección artística tuviera puesta su esperanza en la palabra,  que es enunciada por magníficos actores y dirigida al oído del espectador receptivo.  

Pedro Calderón de la Barca encarna la plenitud del auto sacramental, una obra dramática en un acto, alegórica y referente al misterio de la Encarnación , que solía representarse en iglesias o en plazas públicas.  

El destacado actor y director español Pedro María Sánchez,  nos cuenta que montar La Divina Filotea fue resultado de un encargo que lo ha hecho muy feliz.  

En paralelo al festival, el martes pasado abrió sus puertas en Miami la exposición "Cien años vistiendo a Calderón". En ella se presentan cuarenta trajes y diez figurines usados en el siglo pasado en representaciones teatrales del dramaturgo. Esta exhibición de indumentaria teatral abarca la evolución de la puesta en escena de las piezas del prolífico autor en los últimos cien años.  

Tanto el montaje del auto sacramental como la exposición cuentan con el respaldo de la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España (Seacex).

Susana Weingast

sweingast@gmail.com

 

 

Entrevista al actor y director  Pedro María Sánchez - España

 

 

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Fotos Cortesia: www.seacex.com

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A MODO DE COMENTARIO

Auto sacramental:

Es una pieza teatral religiosa de un sólo acto de tema eucarístico que se representaba el día del Corpus entre los siglos XVI y XVIII, por lo general con gran aparato escenográfico. El auto era en su origen una representación teatral tanto de índole religiosa como profana; los autos recibían también en la Edad Media la denominación de misterios o moralidades, sobre todo cuando trataban de tema religioso; desde la segunda mitad del siglo XVI empezaron a llamarse autos sacramentales.

Los autos sacramentales fueron haciéndose cada vez menos narrativos y, a consecuencia de las conclusiones contrarreformistas del Concilio de Trento, los dramaturgos fueron intensificando sus contenidos doctrinales y alegóricos hasta que Pedro Calderón de la Barca les dio su forma definitiva en el siglo XVII.

En su forma clásica, el auto sacramental desarrolla una auténtica psicomaquina, que es  una representación alegórica en la que abstractas virtudes humanas, representadas por personas, entablan una lucha contra los vicios, también personificados y entre personajes simbólicos que encarnan conceptos y sentimientos humanos en medio de un lujoso aparato escenográfico para desarrollar una idea alegórica de carácter teológico o incluso filosófico. Los elementos reales fueron perdiendo cada vez más su realidad e incluso su referencia a la temporalidad.  

Los autos sacramentales completos de Calderón de la Barca , La divina Filotea es el número 53 de la serie y, como en autos anteriores, el editor ubica el texto en su época (autoría, fecha, título y representaciones), lo sitúa en la tradición literaria, analiza el contenido doctrinal del auto, establece el panorama textual, realiza la sinopsis métrica y da cuenta de la memoria de las apariencias.Este auto se representó para el Corpus de 1681.  

También la obra se vincula con el género caballeresco: a la contienda entre dos pretendientes que se disputan a Filotea, hay que añadir el amor a distancia, por medio de un retrato, o el incógnito que debe mantenerse hasta la victoria del héroe, el Príncipe de la Luz. Los personajes: Filotea (con sus sentidos, su entendimiento y sus virtudes teologales), el Demonio, el Príncipe de la Luz y el Mundo (aquí hay que incluir a Ateísmo, Gentilidad y Hebraísmo, pues la Apostasía , avatar del Ingenio, es parte del alma)

Al estudiar el contenido doctrinal del auto, Galván se detiene en los sentidos y potencias, los enemigos del alma, las virtudes teologales y los misterios de la fe.

Concluye afirmando que en este auto, cuya acción recuerda la de una comedia caballeresca, se representa “la vida moral como combate de las virtudes contra los enemigos del alma, y una síntesis de los principales misterios de la fe católica”

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